Mitología Solar

 
 
     
  Elaborada en Heliopolis, se centraba en torno al Sol.

Aunque conoció su edad de oro y sin duda importantes evoluciones durante el Imperio antiguo, la mitología solar se remonta a épocas anteriores. Así lo hacen suponer los nombre de Nebire (Ra es mi señor) y de Neferkere ( Bueno es el Ka de Ra), que corresponde a los reyes segundo y noveno de la II Dinastía. Por añadidura, la teología de Ptah, elaborada con toda verosimilitud en la época tinita a poco fundarse Menfis, prueba, al ofrecer como antitesis de la doctrina heliopolitana de Atum, que ésta se hallaba ya estructurada, al menos en su forma más antigua.

 

 
 

Según la doctrina de Atum, al principio de los siglos sólo existía el agua primordial, inmóvil, oscura y fría, el Nuu o Caos. El Sol, Atum, se creo por si mismo; luego, escupío, según unos , o masturbándose según otros, emitió una primera pareja, Chu y Tefnut, la seco y lo húmedo, que engendro a Keb, el dios-tierra, y a Nut, la diosa-cielo.

 
       
 

Luego que Chu hubo separado el cielo de la tierra, alzando a Nut por encima de su cabeza mientras su esposo Keb permanecía yacente, Nut alumbro uno tras otro a Osiris, seth, Isis y neftis. el conjunto de estos nueve dioses constituía la gran Enéada. La pequeña Enéada, cuyo jefe era Horus, agrupaba dioses de importancia secundaria.

     
 

Al margen de estas construcciones especulativas, la mitología solar tenía también leyendas propiamente dichas, saturadas de poesía, frescura y hasta humor. Se contaba, por ejemplo, como al principio de los siglos, una yema de loto, inmersa en el caos, abrío su corola  sobre las aguas e hizo al sol bajo la forma de un delicado niño. Según ciertos textos, el Sol lloró y sus lagrimas, al caer sobre el suelo se transformaron en hombres.

     

Egipto milenario - Santiago de Chile 2005

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