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El Escondite de Reyes


 
 

Muchos reyes no han sido encontrados , y quizás algunos nunca se encuentren pero se tiene la esperanza que en  algún lugar del vasto valle del Nilo allá un  escondite donde estén seguros. Como les ocurrió a  al Gran Ramses II , Seti I y tutmosis II. que hasta 1880 solo se conocían sus nombres ¿Quien podía sospechar que aún hoy hallarían sus restos en alguna parte?. Unos investigadores en su visita a Tebas encontraron antigüedades u oyeron decir que se podían comprar a anticuarios. Les fueron ofrecidas diversas estatuas, e incluso un féretro con una momia. Pero no fue posible dar con la fuente de estos hallazgos. En julio de 1881 ocurrió el siguiente hecho, emocionante como una novela policíaca.

 

     Pero entonces se hallaba en Egipto el americano Baton. No era un egiptólogo, pero como coleccionista de antigüedades poseía buenos conocimientos al respecto. cierto día compró en el "mercado negro", por supuesto un papiro de rara belleza. Despreciando la vigilancia aduana y los reglamentos de policía, desapareció llevándose el papiro en su maleta. Una vez en su país fue a ver a un especialista en la materia, el cual le hizo ver que realmente había adquirido un objeto de gran valor y que permitía seguir ciertos rastros de la historia de la antigüedad.

 

Sir Gaston Camille Charles Maspero
(1846-1916)

 

 Aquel especialista expuso el asunto al profesor Gastón Maspero, entonces director del Museo de el Cairo. La noticia de lo del papiro lo afligió profundamente, por cuanto el museo había perdido una vez más un hallazgo de importancia. Por espacio de muchos años fueron apareciendo en el Mercado negro, de modo misterioso, multitud de objetos valiosos de este estilo, sin que nadie supiera de dónde salía. Si se indagaba, se tropezaba siempre con la gran "incógnita".

A Mapero la intrigaba, además , el hecho de que el papiro cuyo texto había traducido el especialista citado, procediera de la tumba de un rey de la XXI dinastía, de la cual la ciencia no tenia noticia. Otros objetos procedentes de la misma tumba habían sido ofrecidos en el mercado negro. Los arqueólogos se preguntaban: ¿Quien ha descubierto la tumba?¿Donde ha sido descubierta? . todo este enigma necesitaba ser aclarado. y como la policía egipcia no logró ponerlo en claro, Maspero se decidió a obrar por su cuenta.

    Cierto día envió a uno de sus ayudante a Tebas. El joven no se dio a conocer como arqueólogo, sino que se hizo pasar por un acaudalado turista. Se hospedó en un hotel elegante, compró antigüedades en un bazar y en otro, pagando bien y dando grandes propinas. Este forastero fue pronto tema de conversación en todo los bazares; los tratantes fueron acudiendo a él.

Uno de ellos le ofreció una estatua. Aun cuando el forastero supo calcular inmediatamente su valor y su antigüedad de tres mil años, y deducir de una inscripción que mostraba la estatua, que procedía de la consabida tumba de la XXI dinastía, se contuvo, fingiendo desinterés y mostrando desdén por el objeto.

     Después del regateo del rigor, la compró, no sin titubeos, y dio a entender que deseaba adquirir piezas de mayor tamaño. El mismo día, el tratante lo puso en contacto el acaudalado árabe Abd-el-Rasul, quien mostró al forastero algunas antigüedades de menor importancia. Transcurridos algunos días, y cuando ya existía plena confianza, el árabe le ofreció algunos objetos de gran tamaño. entre ellos, una momia autentica de la XXI dinastía . Ya no había duda. El forastero, el ayudante, hizo detener al árabe.

El director y el vicedirector, Emil Brugsh, interrogaron a mohammed rasul, pero todo fue inútil: <Rasul negó todas las acciones que yo le imputé sobre la base de las declaraciones de los turistas y que caían bajo la acción de la ley penal, a saber: excavaciones clandestinas, ventas ilícitas de antigüedades y quebrantamiento de féretros propiedad del Estado Egipcio. Toda amable exhortación, toda amenaza y oferta de dinero fueron vanas>. Sin embargo, Rasul era sospechoso de haber robado tumbas. Por consiguiente, hubo de ser entregado a las autoridades competentes para que estas lo interroguen.

    El Munir de tebas era conocido por su severidad. Durante dos meses estuvo interrogando a Rasul , torturándolo a veces incluso. El encartado negada siempre, del mismo modo que sus testigos de descargo. Rasul fue puesto en libertad por falta de pruebas. Sus numerosas cicatrices atestiguaban los malos tratos sufridos. Para el ayudante, el sobresimiento de la causa era un poco penoso, pues ya había telegrafiado la noticia de la detención del ladrón de tumbas. Los periódicos habían tratado del caso. Y ahora tenían que negar lo dicho.

    Sin embargo, el ayudante estaba seguro de lo fundada que era su acusación, y acudió ante el Mudir. Este se encogió de hombros y rogó al forastero paciencia. Después es de esperar en vano durante varias semanas, cayó enfermo y se vio obligado a guardar cama a causa de la fiebre.

     

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