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Hasta
el presente no se ha encontrado en el valle del Nilo ni en sus
accesos inmediatos huella alguna de moradas ni siquiera de
herramientas. La razón obedece sin duda a que, estando el
desierto cubierto aún de bosques y territorio de caza, los
cazadores paleozoicos preferían instalarse en él a aventurarse
en un valle pantanoso y por tantos conceptos inhospitalarios. Al
menos desde 15.000 años a.C. existió una concentración de
asentamiento paleolíticos en la meseta desértica, al borde del
valle; y hay un detalle de las culturas que puede indicar cómo
estaba ya sintiendo los efectos de la penuria y de la presión
demográfica. Algunas de las hojas de pedernal, encontradas
tanto en los asentamientos de Egipto como el los de nubia,
muestran huellas de haber sido empleadas para recoger hierbas,
muy probablemente hierbas silvestre que podían producir granos |